domingo, 4 de enero de 2015

Y que nunca se nos vuele la cometa

Me he propuesto entrar dentro de ti en mi caballo de Troya,
para llenarte el cuerpo de besos mientras duermes,
y luego prenderte fuego para borrar todas mis huellas,
hasta que parezcas Pompeya sepultado entre cenizas.

Quiero que entiendas que hay volcanes que no duermen,
y esta noche el magma se ha desbordado en mis manos,
haciendo hileras de sangre hasta llegar a tus labios,
dejando ese sabor a muerte que nos hace sentir vivos.

Seguramente nunca te dé a elegir entre la felicidad o yo,
porque me miras diciendo que no te importa joderte la vida,
no te preocupes, hoy voy a hacer que merezca la rabia
hasta el daño que nunca vamos a ser capaces de hacernos.

A lo mejor deberías irte, no sé si es consejo o advertencia,
pero no confíes en la inocencia que te transmite mi mirada,
sólo es la delicadeza de quien observa algo que no entiende,
como esa niña que mira el cielo subida en un columpio.

Contigo quiero ir de nuevo a los parques de atracciones,
hacerte el amor en la piscina de bolas y llenarte de helado
la punta de la nariz, sólo porque sé que me robarás un beso
y tendré que volver a poner en orden todas mis intenciones.

Te confieso que he perdido el miedo al mismo tiempo
que he recuperado el vértigo en lo más alto del tobogán,
y me recuerda a la tropa de hormigas que despiertas
cada vez que tus besos van a parar debajo de mi ombligo.

Qué te voy a decir si a tu lado siento que vivo en una noria,
y una montaña rusa de sensaciones sigue la trayectoria
que van marcando tus manos sobre mi cuerpo, si te miro
no recuerdo cómo se nada en unos ojos que no son azules.

Si he decidido dar la espalda al mar para poder mirarte a ti,
es sólo porque contigo me creo capaz de convertir las ruinas
en castillos de arena, ya no me importa si sube la marea,
mientras sigas siendo capaz de hacerme sentir una niña pequeña.

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